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INNOVACIÓN versus IMITACIÓN. El juego de la actualidad

INNOVACIÓN versus IMITACIÓN. El juego de la actualidad

¡Comparte la inspiración!

Blog original de Juan Felipe Charry Echeverry Creative Planner/Creative Director https://www.linkedin.com/pulse/innovaci%C3%B3n-versus-imitaci%C3%B3n-el-juego-de-la-actualidad-juan-felipe/

Es usual oír en diferentes ambientes, que van desde lo profesional a lo personal, cómo en este momento vivimos la Tercera Revolución Industrial; y varias personas sostienen que estamos empezando la cuarta, llamada también la Segunda Era de las Máquinas. En miles de conferencias, charlas, presentaciones empresariales, de tendencias, o sencillamente al compartir un café con un grupo de amigos; la aceleración tecnológica se ha convertido en una conversación recurrente. Y es apenas entendible, ¿cómo no hablar de los avances de los que hemos sido testigos durante los últimos años? Vemos que la mayoría de industrias, desde la banca hasta la medicina, se han visto impactadas por estos avances; y ni hablar de la comunicación y de nuestros días. Pasamos de cargar miles de discos o cassettes a llevar la música en nuestros teléfonos, sin la necesidad de usar su capacidad de almacenamiento; de ir al alquiler de películas a tener acceso al contenido de nuestra elección directamente en nuestros televisores; de pedir indicaciones a extraños en la calle para llegar a algún lugar a pedírsela a, nuestros siempre confiables, dispositivos móviles; confiamos tanto en estos dispositivos que incluso les entregamos el control de nuestro dinero y más preciados recuerdos; entre otros ejemplos, tal vez más relevantes, que se podrían dar. Y no solo eso, este fenómeno también nos ha llevado a vivir la desaparición de grandes empresas; monstruos que, durante años, dominaron sus mercados y que jamás nos imaginamos podrían sencillamente desvanecerse de la noche a la mañana. Casos, varios; y para qué mencionarlos si también nos han hablado de ellos varias veces, usándolos como evidencia del dinamismo al que nos enfrentamos hoy en día. ¿Cuál fue la razón que los llevo a perder en un juego que creían tener dominado? ¿No vieron las oportunidades que las nuevas tecnologías abrían en sus mercados? ¿No creyeron en el cambio que estaba frente a sus narices? ¿Se confiaron? ¿Simplemente no actuaron frente a este panorama?

Independientemente de la razón; no se atrevieron a innovar. 

Es precisamente esta expresión la que abre la discusión propuesta en el título de este artículo. Innovación; una palabra que, en momentos como el actual, coge tracción dentro de diversas conversaciones y aparece en diferentes escenarios como la solución al enfrentarse a la vertiginosidad del mundo actual. Pero recordemos que al iniciar nos referimos a este momento como la Tercera Revolución Industrial, así que es bastante probable que no sea la primera vez que este término cobra mayor relevancia dentro del entorno competitivo empresarial. 

Teniendo en cuenta todo lo anterior, vemos que la necesidad de innovar es evidente para evitar que naufraguemos en un mundo cambiante y que perdamos el juego contra participantes emergentes; esos que le apuestan a transformar las dinámicas del mismo. La respuesta no se ha hecho esperar; hoy vemos cómo todos corren para crear departamentos de innovación, tecnología y transformación digital. Crece de manera rápida la aparición de startups y empresas especializadas en cuanta tecnología se desarrolla en el mercado; también la oferta de cursos y capacitación en marketing digital, inteligencia artificial, criptoeconomía, robótica, aceleración tecnológica y nuevas tecnologías. Los discursos sobre automatización, Cloud Computing, Inteligencia Artificial y Big Data se toman los slides de las presentaciones empresariales. La oferta es amplia pero… ¿Qué tanto responde a necesidades u oportunidades reales de mercado? ¿Cuántas de estas innovaciones realmente han generado impacto? ¿Cuántas han transformado realmente nuestras dinámicas como seres humanos? ¿Cuántas han tenido una vigencia considerable? ¿Cuántas han desaparecido casi desde su mismo nacimiento? Cuestionarnos acerca de esto no sobra y hacerlo probablemente nos lleve a darnos cuenta de que, si bien hemos visto cambios considerables, los casos realmente excepcionales los podemos contar con facilidad. Queremos innovar y probablemente lo necesitemos pero… ¿Qué tanto lo estamos haciendo con nuestras soluciones? La mayoría nos hemos dedicado a responder de una forma acelerada a este fenómeno, generando respuestas cada vez más ágiles pero, en muchas ocasiones, poco eficientes y efectivas; poco acertadas. 

Esto se debe, en mi opinión, a la necesidad imperiosa de responder casi de manera inmediata a todos los movimientos que se presentan en nuestro entorno, a relacionar la palabra innovación exclusivamente con el desarrollo tecnológico y a nuestro deseo de automatizar todo; entre otros temas que no tocaré en esta oportunidad. El afán de reaccionar al dinamismo del mundo al que nos enfrentamos y no quedarnos atrás nos ha llevado a generar respuestas que podrían considerarse involuntarias o inconscientes. Reduciendo, y en muchos casos eliminando, el tiempo que le dedicamos al desarrollo de temas como la investigación, el análisis y el pensamiento. Factores determinantes en cualquier proceso de creación e innovación.

No queremos desacelerar en ningún momento, por eso pretendemos automatizar la generación de ideas y los procesos creativos; algo imposible

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Este intento de industrializar las disciplinas creativas y de generar buenas ideas de manera hiperacelerada, como si se tratara de una fábrica, nos ha llevado a caer en la era de las copias. Los referentes, insumos creativos, herramientas y casos de éxito; más que inspiración, se han convertido en elementos a replicar. La mayoría de las veces con pequeños cambios de forma, otras con ningún cambio en absoluto y en muy pocos casos con cambios de fondo. Todos hemos vivido experiencias que evidencian esta realidad. ¿Cuántas veces hemos visto una nueva plataforma surgir y revolucionar un mercado para, después de un tiempo, encontrar varias plataformas que ofrecen lo mismo? ¿Cuántas veces nos han contado ideas de innovación que son exactamente iguales a productos o servicios que ya todos conocemos y usamos? ¿Cuántas veces hemos pensado en soluciones que ya existen en el mercado? ¿Cuántas veces nos han propuesto que hagamos un X pero con Y? Nos enfrentamos a este panorama casi a diario y no parece detenerse. Es más fácil, y por ende más rápido, rehacer algo que ya sabemos que funciona; por eso, la mayoría, prefiere hacer esto que apostarle a sentarse y pensar para encontrar una solución diferente o una manera de potenciar a su favor el éxito de las innovaciones existentes. Un comportamiento respetable pero cuestionable a la vez. Con esto no quiero decir que proceder de esta forma esté mal o bien, no pretendo emitir ningún juicio de valor al respecto y, en realidad, las dinámicas del mercado requieren de estos dos ejercicios para generar entornos competitivos. El error está en que llamemos a esta práctica, la de copiar, innovación.  

Este intento de industrializar las disciplinas creativas y de generar buenas ideas de manera «hiperacelerada», como si se tratara de una fábrica, nos ha llevado a caer en la era de las copias.

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Muchos estarán pensando en este momento que no todos los líderes en innovación fueron los primeros en ofrecer sus productos o servicios puntualmente; que las ideas base y principios de su trabajo fueron generadas por otros. Los casos más representativos de esto los conocemos todos, ya que, al igual que algunos de los temas tocados con anterioridad en este texto, forman parte del contenido habitual de las presentaciones, charlas y conferencias sobre innovación. El punto a tener en cuenta es que, si bien es cierto; sí fueron ellos quienes se tomaron el tiempo para analizar, encontrar oportunidades reales de mercado, vacíos, territorios de mejora sustanciales y generar giros determinantes en sus propuestas. Originando así cambios que los llevaran a crear una mejor oferta y sacarla del estadio. No copiaron, transformaron o reinventaron, y de eso se trata precisamente, de transformar. También tenemos los casos de compañías líderes que, al perder a sus cabezas en pensamiento creativo y estratégico, perdieron de vista el norte. Marcas y empresas que, durante años, trabajaron para construir un territorio propio en términos de negocio, oferta y comunicación pero que, ante esa realidad, optaron por abandonarlo; entrando en el entorno competitivo propuesto por sus adversarios y adoptando las normas de juego implantadas por los mismos. Esto los llevó a dejar a un lado su rol propositivo dentro del mercado y los convirtió en jugadores reactivos dentro de su categoría; es decir, un participante más.     

Esto nos demuestra una vez más que, el juego de la innovación, no se trata de replicar las jugadas existentes ni de reaccionar de manera acelerada; se trata de reinventar y cambiar para responder de una forma acertada y apropiada. Que, para innovar, debemos encontrar un propósito que trascienda sobre los recursos, dejar de pensar que es un tema exclusivo del área tecnológica y de actuar reactivamente; detener la pelota y pensar con claridad para saber qué es lo que vamos a hacer con ella para anotar, para marcar realmente la diferencia. Sin perder de vista el cronómetro y midiendo cuidadosamente los tiempos de juego para encontrar un equilibrio que nos permita hacer todo el proceso, desde el análisis hasta la ejecución, sin perder las oportunidades que se nos presentan.

Innovación e imitación, dos escenarios; dos palabras que por definición son totalmente opuestas pero que, al parecer, cada vez confundimos más. 

Gracias a Juan Felipe por compartir con nosotros este completo análisis, esperamos los haya inspirado y les haya dejado algunas cosas que reflexionar. Cuéntanos tu reacción, opinión, punto de vista, estamos aquí para leerte.

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