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Odio eterno a las entrevistas laborales

Odio eterno a las entrevistas laborales

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Las entrevistas de trabajo siempre han producido en mi una sensación de vacío y frustración que creo que muchos compartimos. Desde la llamada que se recibe con la emoción de quien está buscando ubicarse laboralmente, hasta el cara a cara con la persona de recursos humanos después de haber pasado por varias pruebas psicotécnicas, el proceso de selección de personal es un cuento de terror para muchos -y me incluyo-.

Los exámenes, como las entrevistas, nos ponen en un estado de alerta que da como resultado un comportamiento nervioso, extraño y que poco o nada tiene que ver con quienes somos en verdad. Y ni hablar de las entrevistas grupales, esos campos de guerra donde varios profesionales se enfrentan para llegar a la cima usando armas letales -simbólicamente hablando-, esas donde muchos talentos se esconden por miedo escénico, donde muchas veces los más ruidosos -que no siempre son los más brillantes- terminan ganándose el puesto.

Si yo fuera una persona de recursos humanos o alguien que reclutara, me centraría más en hacer sentir a la persona entrevistada cómoda, tranquila, en un espacio seguro en el que pueda demostrar su verdadera personalidad y todo su potencial, algo difícil si tienes al lado a una persona que no deja de hablar de si misma y de lo mucho -o poco- que ha logrado. Sé que esto suena una locura porque en procesos de selección masivos no es algo sostenible, pero si hablamos de pequeñas y medianas empresas -especialmente en el mundo de la creatividad y arte-, si le apuesto a un modelo más inclusivo, donde no siempre gane el que grite más alto sino el que cuente mejor su historia.

¿Qué necesidad hay de ponernos en un pedestal y mirar a los que se postulan a un cargo laboral por debajo del hombro? Este juego de egos en las carreras creativas me enferma. ¿Por qué en lugar de hacer sentir inferior a quienes están buscando un trabajo, no mejor los recibimos con buena onda para que se sientan mejor y tengan una mejor oportunidad de demostrar su talento? ¿Por qué en lugar de aprender de nuestros errores, nos aferramos a seguir haciendo lo que hicieron con nosotros porque es que ‘así es que se aprende’?

Algo que escuché por estos días me quedó sonando y está relacionado con este tema, y es que deberíamos coger la sana costumbre de pensar realmente a qué cargos y en qué empresas es que nos estamos postulando. ¿Acaso somos una maquina de hacer click en ‘aplicar aquí’ sin entender ni conocer las empresas antes? Entiendo que estamos viviendo una era de desesperación y afán, pero ¿no deberíamos involucrarnos con empresas que nos representen, que nos inspiren, que nos aporten como personas y como artistas? Yo he caído en la trampa de aplicar por aplicar, de mandar una CV y una carta de motivación -puro copy-paste- sin más pasión o sin tener claro por qué lo estaba haciendo ¿era el sueldo? ¿la presión social? ¿las ganas de encajar? No lo sé, pero hoy que lo analizo, no le encuentro sentido a que apliquemos a cuanto cargo encontremos sin tener un camino claro, sin entender a qué es que le vamos a dedicar la mayor parte de nuestra vida, sin estar conectados si quiera un poco con ese lugar o las personas que allí trabajan, a quienes vamos a ver más que a nuestras familias y amigos.

Creo que mientras más conozcamos el lugar al que nos vamos a presentar, mientras más investiguemos, mientras más nos enfoquemos en trabajar donde queramos y no donde nos toque, vamos a ir teniendo experiencias de entrevistas laborales más significativas, en las cuales podamos estar seguros de nosotros mismos, donde las ganas -y no la desesperación- se noten y nos ayuden a alcanzar un cargo. Donde el vacío y la frustración se conviertan en emoción y extasis, donde estemos listos para demostrar lo que podemos hacer sin tener que aplastar a quien esté a nuestro lado, donde las personas de recursos humanos lean más allá de una prueba impersonal, aburrida y monótona.

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Declaro mi odio eterno a las entrevistas de trabajo convencionales, grupales y donde la mejor forma que tienen de conocerte es un formulario de más de 100 preguntas.

Autor: Carolina Tafur 

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